El Liderazgo Virtuoso

La virtud es, por definición, la disposición constante para obrar de acuerdo con determinados proyectos ideales como el bien, la verdad, la justicia y la belleza. Es también fuerza, vigor o valor. Es un camino hacia la excelencia humana.

Alexandre_Havard_conferenceSi hablamos de liderazgo virtuoso, y citamos a Alexandre Havard, experto y pionero en el concepto, nos dice que “el liderazgo es una cuestión de carácter, que podemos forjar y fortalecer a través de hábitos morales sanos, que son las virtudes. Pero no confundamos carácter con temperamento”.

El temperamento es innato, viene naturalmente dentro de cada uno. Ayuda mucho en el desarrollo de virtudes, aunque en ocasiones impide otras. Es importante apuntar que son los defectos del temperamento los que nos hacen conscientes de que debemos superarlos y así mejorar como personas. Por ejemplo: Una persona impulsiva, con la virtud de la prudencia, se convertirá en alguien más reflexivo. Esto quiere decir que las virtudes estabilizan nuestra personalidad y relegan las manifestaciones extremas. El temperamento no tiene que ser un obstáculo para el liderazgo. El obstáculo real es la falta de carácter.

Cuando hablamos de Liderazgo Virtuoso, nos estamos refiriendo a un tipo de liderazgo basado en las virtudes, pues los líderes deben ser virtuosos para ser líderes reales, siendo la virtud un hábito que se adquiere con práctica o por repetición. Es por esto que los líderes no nacen, se hacen. No todos podemos convertirnos en presidentes o ministros, pero todos podemos crecer en la virtud. El liderazgo no excluye a nadie.

Las virtudes son fuerzas dinámicas. Cada una, si se practica habitualmente, reafirma progresivamente la propia capacidad de actuar. Havard, en su libro “Perfil del Líder: hacia un liderazgo virtuoso” se refiere a seis virtudes específicas. La magnanimidad, para luchar por cosas grandes y plantearse desafíos a uno mismo y a los demás. La humildad, para superar el egoísmo y acostumbrarse a servir a los otros. La prudencia, para tomar decisiones justas. Las valentía, para mantenerse y resistir a todo tipo de presiones. El autocontrol, para subordinar las pasiones del espíritu y al cumplimiento de la misión y la justicia, para dar a cada uno lo que merece.

Integrar y practicar asiduamente estas virtudes es esencial para abrir el camino hacia el liderazgo, pues la virtud implica y depende de la libertad, no se puede forzar. El liderazgo comienza cuando usamos nuestra responsabilidad libremente.

 

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